Un día atravesado en el medio de la semana

Para Mery

Miércoles, ¿qué día podría ser si no? Laura me dijo esta frase hoy en clase. La anoté, me reí y le remarqué lo creativa que estaba este año en nuestras clases de lengua, con respecto al año pasado. Para mí, la mayoría de las semanas de este año, es un buen día. Mañana tengo poco trabajo, puedo disfrutar de Nalha, mis cigarrillos, mi música y mi computadora. Lutty me mandó un mensaje de texto. Necesitaba hablar conmigo. Obviamente el tema era Marta, la mamá más especial que conocí en mi vida. Con la tos de perro con la que estuve estos días y cubierta de papeles a clasificar y planillas de notas a completar y fotocopias a entregar y apuntes a ordenar, me ocupé del tema livianamente… le dejé un mensaje en el contestador pero no la había vuelto a llamar. No es que no me interesara, tenía a Marta en la cabeza todo el tiempo. Lo que realmente me pasaba era que había elegido enterrarme en la esperanza.

Ayer le daban los resultados. Laura tenía razón: era un día atravesado. ¿Metástasis? Una de las palabras más horribles que existen después de “cáncer”. Panorama triste, desierto, angustia, incertidumbre. ¿Qué le puedo decir a mi amiga del alma para curarle el alma?“¿Lloraste hoy?” “Estoy para lo que necesites” “¿Necesitás que la vaya a buscar a la enana al cole?”  “Mantenéme al tanto” “¿Se la puede ir a ver?” “¿Querés que le diga a Gaby que vaya?” “¿Tu viejo?” “Cualquier cosa me avisás” “¿Cómo está de ánimo ella?” “Sabés que contás conmigo”…

Todos los días lo mismo. La aturdo con una sucesión insoportable de frases hechas y escuchadas hasta el hartazgo… ¿sirven para algo? No lo sé, no me animo a preguntarle. A todo ella responde en un hilo de voz, tratando de calmarme: “sí, ya sé que cuento con vos, Tati”. Y ya está. Me siento una amiga putamente responsable. ¿Con qué le arranco la angustia, si ni yo me la puedo sacar de la tripa? No me creo nada de lo que le digo. No hay canciones ni música ni nada que me borre el aire gris de estos días. Cobardemente, porque no quiero invadirla, le pido que rece, que le entregue todo a la Madre, que se la dé. Que le pida a Ella que la cubra con su manto. ¿Entenderá lo que le digo? Si pudiera explicarle de una manera lejanamente medieval el sentido de glorificación del sufrimiento, lo haría, pero no me sale.

Negra, ¿cómo está Dios en tu corazón? ¿Está a full? Él solo te puede dar la respuesta, te puede decir el “para qué” de todo esto.  El dolor glorifica, nos hace llegar a Él sin tardanza, sin demora… ¿me creés? Todo allá es más hermoso. A pesar de lo que te digan los médicos, sabés que este camino que empezó a recorrer tu mamá es corto. Abandonala en los brazos de la Madre. Dejá que Ella la cuide. Pedile a Dios que se haga su voluntad. Rezá. Rezá a los gritos. ¿Cómo transmitirte esta esperanza, si es tu vieja la que está sufriendo?

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